Diversos informes alertan que Putin está usando personas del Magreb y Sahel para atacar a los países occidentales y crear una crisis migratoria sin precedentes

El pasado 18 de mayo de 2024 finalizaba la misión de entrenamiento de la Unión Europea en Malí, culminando de este modo la salida de los últimos militares de países occidentales presentes en este Estado saheliano desde hacía más de una década. Sin embargo, no todos los soldados extranjeros se han visto obligados a abandonar Malí, pues como en otros países de la región, las tropas occidentales han sido progresivamente remplazadas por los paramilitares rusos, facilitados por Moscú a sus nuevos aliados bajo el pretexto de hacer frente al terrorismo transfronterizo que golpea toda la zona.
La salida de los soldados europeos del Sahel es el resultado de un rápido deterioro de las relaciones interestatales. Los recelos neocoloniales —especialmente hacia Francia, antigua potencia colonizadora de la región— han proliferado en un contexto de golpes de Estado, degenerando en la expulsión de las tropas francesas, primero, y del resto de extranjeros —incluidos los cascos azules de la MINUSMA—, después.

Así, en un escenario en el que el resentimiento hacia la antigua metrópoli ha ido in crescendo de forma acelerada, y en que las nuevas juntas golpistas necesitan legitimar su acceso al poder, Rusia ha visto la oportunidad de agitar el avispero, desplegando sus operaciones de influencia y desinformación para tratar de sacar el máximo partido de la situación. De este modo, mediante operaciones de coste relativamente bajo, pretende obtener un triple objetivo: por una parte, abrir un nuevo frente de preocupación para la UE y la OTAN, inquietos por la extensión del terrorismo y las migraciones; por otra, conseguir aliados nuevos o mantener los antiguos, que le permitan mejorar su reputación y superar su aislamiento internacional; y, por último, acceder a importantes recursos naturales a la vez que da salida a sus exportaciones, sorteando así el bloqueo al que pretende someterle Occidente.
Rusia se extiende en el Sahel con su nueva marca: Africa Corps
Tras consolidarse en Malí, Moscú estrecha su colaboración con Burkina Faso y Níger a través de una estructura armada dependiente de Defensa para reemplazar al grupo Wagner
Rusia extiende su influencia y su presencia militar en el Sahel a un ritmo nunca visto. Tras consolidarse en Malí, donde los mercenarios de Wagner fueron decisivos para la reconquista de Kidal por parte del Ejército nacional frente a los rebeldes tuaregs el pasado mes de noviembre, Moscú ahora sienta las bases de su despliegue en Burkina Faso y negocia con Níger para convertirse en el aliado militar necesario.
Como actúa la desinformación rusa en el Sahel
La desinformación rusa en el Sahel es un componente clave de la estrategia geopolítica de Moscú para reforzar su posición en la escena internacional y sustituir a las potencias occidentales, especialmente a Francia, como principal socio en una región rica en recursos y estratégicamente vital.
En los últimos años, Rusia ha sido responsable de aproximadamente el 40 % de todas las operaciones documentadas en el continente. Desde 2022, se han identificado al menos 80 campañas patrocinadas por Rusia, dirigidas a más de 22 países africanos, las cuales han llegado a millones de personas a través de páginas, publicaciones y canales de medios de comunicación falsos o de dudosa procedencia9. En ellas, Rusia se promociona como una alternativa a los países occidentales, presentándose como un socio ventajoso dispuesto a reformular el orden mundial en favor de aquellos Estados que experimentan injusticias debido a las acciones de Occidente.
Este mensaje propagandístico ruso ha tenido un notable éxito en África, donde la desinformación intencional en cuanto a la difusión de información falsa se ha mostrado muy efectiva a la hora de engañar a unas sociedades africanas receptivas, especialmente en la zona del Sahel, al mensaje ruso. Según un estudio de 2020, el 68 % de los jóvenes africanos tenía una opinión favorable de Rusia, frente a solo el 57 % con una opinión positiva de Francia.
Rusia ha sabido capitalizar estos fracasos de las estrategias occidentales en el Sahel para crear una narrativa dirigida a convencer a las sociedades locales de que los problemas de seguridad que azotan la región son culpa de los países occidentales, a pesar de que, desde que Francia comenzó a retirarse en 2022, las víctimas mortales relacionadas con el conflicto en el Sahel han aumentado un 65 %, según la reconocida base de Datos de Localización y Eventos de Conflictos Armados (ACLED).
La amenaza de una Tercera Guerra Mundial por la invasión rusa a Ucrania ha estado siempre muy latente desde el comienzo del conflicto, en especial por los numerosos choques entre Rusia y la OTAN que han incrementado el nivel de alerta. Lo cierto es que ninguno de los dos bloques busca tensar la cuerda tanto, pero Moscú, como respuesta a las sanciones impuestas por Occidente, usa su “arma” más silenciosa y no tiene que ver con drones, misiles o aviones de combate, sino con la inmigración procedente de África para desestabilizar Europa.

La Comisión Europea alertaba el año pasado de un incremento significativo de estos “ataques híbridos” contra la Unión Europea, comunicando que tanto Rusia como Bielorrusia “lanzan olas de migrantes contra las fronteras comunitarias”. Desde la UE alertaban que los países afectados eran Polonia, Finlandia, Letonia y Lituania, es decir, fronterizos con Minsk y Moscú.
Y es que cada vez son más los organismos que advierten de esta realidad en la que Putin busca sembrar el caos en Occidente, saciándose así de las sanciones a Rusia tras su invasión a Ucrania. Y todos hacen hincapié, además, en la procedencia de esos flujos migratorios: el Sahel, por un lado, un “polvorín” en el que los golpes de Estado y el desorden civil está a la orden del día, y el Magreb, por otro, al estar cercano a los países del sur europeo. Entre ellos España, el que ha acentuado más su crisis migratoria en los últimos años.
La UE, asimismo, investiga la posible involucración en este contexto de la aerolínea bielorrusa Belavia, una de las aerolíneas más aisladas del mundo pero que podría estar a las órdenes del Kremlin. En la primera mitad del 2025, más de 27.000 migrantes llegaron a Italia desde Libia, y más de 7.000 a la isla griega de Creta, según explica Euractiv. Una posible coordinación entre autoridades bielorrusas con el general libio Jalifa Haftar, conocido por sus vínculos con Moscú.


