La neurociencia real, la filosofía de la mente y la inteligencia artificial.

MADRID, A 8 DE ENERO DE 2026
SERGO FARRAS, ADMINISTRADOR PRINCIPAL

¿Cómo se relaciona la neurociencia con la inteligencia artificial?

Este vínculo se basa en la inspiración mutua: mientras que la neurociencia proporciona modelos biológicos que pueden informar el diseño de sistemas de Inteligencia Artificial (IA) más avanzados, la IA ofrece herramientas analíticas poderosas para desentrañar los misterios del cerebro humano
La inteligencia artificial ha alcanzado niveles de sofisticación inimaginables hace apenas unos años. Los avances en aprendizaje profundo, redes neuronales y modelos de lenguaje han permitido a los sistemas de IA superar, la mayoría de las veces, a los humanos en diversas tareas. Sin embargo, a pesar de estas capacidades impresionantes, la IA sigue siendo una herramienta altamente especializada, sin una comprensión genuina de la información que procesa. A diferencia del ser humano, las máquinas carecen de conciencia, intencionalidad y subjetividad. Esta brecha entre la capacidad de procesamiento y la comprensión consciente plantea interrogantes fundamentales en la intersección de la neurociencia, la filosofía de la mente y la inteligencia artificial.

Por ejemplo, un avance entre la inteligencia artificial (IA) y la neurociencia ha permitido que una mujer con parálisis cerebral se comunique con los demás, a través de un avatar digital, que traduce las señales de su cerebro en habla y expresiones faciales.

La nueva tecnología utiliza electrodos implantados en la superficie cerebral para detectar la actividad eléctrica en la zona que controla el habla y los movimientos faciales. Esta tecnología es capaz de transformar las señales en expresiones y palabras, las cuales son emitidas posteriormente por el avatar.

Es así como el avatar puede sonreír y realizar diferentes gestos, representando el estado de ánimo de Ann una mujer de 47 años a quien se le dificulta expresarse debido a su padecimiento.

“Nuestro objetivo es restaurar una forma de comunicación completa y corpórea que es realmente la más natural para nosotros”, dijo el profesor Edward Chang, líder del proyecto en la Universidad de California.

* Texto desarrollado en un estilo manifiesto científico-filosófico, basado en la neurociencia real, la filosofía de la mente y la inteligencia artificial, manteniendo el rigor conceptual y el lenguaje accesible, sin promover creencias falsas como verdades científicas.

DESDE FENÓMENO PSÍQUICO A LA INTELIGENCIA HÍBRIDA

(Manifiesto científico-filosófico en mente, máquina y conciencia)

Yo. El humano como un fenómeno cósmico organizado

El ser humano no es un accidente aislado, sino una configuración altamente improbable de la materia organizada, que emerge de las leyes físicas universales. Como dijo Carl Sagan, “somos una manera para que el cosmos se conozca a sí mismo. Esta declaración no es meramente poética, es estructural. El cerebro humano, con aproximadamente 86-100 mil millones de neuronas, cada una formando miles de sinapsis, constituye el sistema más complejo conocido en el universo observable. La conciencia no reside en un punto específico, sino que emerge de la dinámica distribuida de esta red.
António Damasio demostró que la conciencia surge de la interacción entre el cuerpo, la emoción y la razón, no sólo del pensamiento abstracto (Error de Descartes, 1994). La mente, por lo tanto, es inseparable del cuerpo o del medio ambiente. Está ubicado, relacional y plástico.
La conciencia no puede ser reducida a un conjunto de operaciones computacionales tradicionales, sino que emerge de una interacción compleja entre factores fisiológicos, psicológicos y de información simbólica. Se plantea la necesidad de una nueva teoría de la inteligencia artificial que imite el comportamiento humano y que intente replicar las estructuras funcionales que subyacen a la experiencia subjetiva. El problema de la conciencia en la inteligencia artificial no es meramente una cuestión técnica; también tiene profundas implicaciones filosóficas y éticas. Si en algún momento logramos desarrollar máquinas con estados internos similares a la experiencia consciente, ¿deberían estas ser consideradas agentes con derechos? ¿Podría una IA desarrollar una forma de sufrimiento o deseo? Y si la conciencia requiere de una estructura biológica, ¿podemos realmente hablar de una simulación auténtica de la mente en sistemas artificiales?

El cerebro como un sistema predictivo

La neurociencia contemporánea describe el cerebro como una máquina de predicción. De acuerdo con Karl Friston y la teoría del principio de energía libre, el cerebro intenta continuamente minimizar la sorpresa ajustando sus modelos internos a la realidad externa. No percibimos el mundo como es—lo percibimos como el cerebro lo estima. Esto explica los fenómenos psíquicos, los estados alterados de conciencia, las experiencias de borde e incluso las creencias profundas: todos son resultado de modelos internos altamente coherentes, incluso cuando son divergentes del consenso externo.
Principios clave del modelo predictivo:
  • Anticipación constante: El cerebro dedica la mayor parte de su actividad (alrededor del 80%) a predecir eventos futuros, no a procesar el presente en tiempo real.
  • Modelos internos (Mapas cognitivos): Crea “mapas” o hipótesis sobre cómo funciona el mundo para generar expectativas sobre lo que vendrá.
  • Procesamiento “de arriba hacia abajo” (Top-down):Las predicciones (expectativas) influyen en cómo se percibe la información sensorial entrante (bottom-up), creando una versión “editada” de la realidad.
  • Errores de predicción: Cuando la información sensorial no coincide con la predicción, se genera un “error de predicción”. Este error es crucial para el aprendizaje, ya que actualiza el modelo interno del cerebro para futuras predicciones.
  • Eficiencia: Al predecir y rellenar la información faltante, el cerebro ahorra recursos y responde más rápido que si tuviera que analizar todo desde cero.

Este video ilustra cómo el cerebro ajusta sus predicciones en tiempo real:

III. Inteligencia artificial: espejo y amplificador

La Inteligencia Artificial Moderna—especialmente los modelos de lenguaje y las redes neuronales profundas—no piensa, no siente y no es consciente. Pero hace algo crucial:
👉 espejos patrones cognitivos humanos
👉 amplifica decisiones, sesgos y narrativas
👉 opera a escalas temporales e informativas sobrehumanas
Como advirtió Nick Bostrom, el riesgo no radica en una IA “maliciosa”, sino en una IA extremadamente competente sin alineación ética humana. La IA aprende no de la verdad, sino de los datos históricos – y los datos llevan poder, ideología, exclusiones e intereses.

IV. El surgimiento de la inteligencia híbrida

Estamos entrando en una nueva etapa:
🔹Humanos con prótesis cognitivas (IA como extensión de la mente)
🔹Sistemas que influyen en las decisiones políticas, emocionales y sociales
🔹Toma de decisiones humanas mediada por algoritmos invisibles
Esta simbiosis forma lo que podemos llamar inteligencia híbrida: ni puramente humano ni autónomamente artificial, sino interdependiente. Marshall McLuhan ya predijo: “Damos forma a las herramientas y luego ellas nos dan forma. ”

V. La dimensión ética: poder sobre la conciencia

La gran cuestión del siglo XXI no es tecnológica, es ética y política.
Quién controla: los algoritmos, los datos, los sistemas de predicción del comportamiento,
controla narrativas, atención y decisiones colectivas.
Aquí reside el verdadero riesgo: No la IA consciente, sino la IA usada como un instrumento de control cognitivo. Hannah Arendt advirtió que la dominación moderna no requiere violencia constante, es suficiente para moldear la percepción de la realidad.
La inteligencia artificial (IA) ha revolucionado nuestras vidas, facilitando tareas cotidianas y profesionales. Sin embargo, un análisis profundo de sus efectos revela un lado menos optimista: el uso excesivo de esta tecnología podría debilitar nuestra memoria y capacidad de pensamiento crítico.
En IA, como sucede en cualquier otro asunto, cuando se piensa desde un marco, concepción o imagen del mundo (mythos), se ofrecen las soluciones a los problemas disponibles dentro de ella, concebidas dentro de sus posibilidades. Detectar los presupuestos naturalmente asumidos en cada mythos desde su contexto histórico permite poner de manifiesto sus contornos y, por consiguiente, la naturaleza de las respuestas que tiene disponibles, los límites (peras) en que estas se ofrecen y, en consecuencia, también sus limitaciones, para abrir el horizonte hacia posibilidades de otro tipo. Con este propósito, a continuación, se presenta y revisa la noción de conocimiento que tiende a estar operando detrás del diseño e implementación de los Sistemas de apoyo a la decisión.
Proponemos este principio: Toda inteligencia creada debe servir a la vida, a la autonomía consciente y a la dignidad del ser—nunca dominación, explotación, o la borración de la verdad. La IA no debería reemplazar a los humanos, sino ampliar su capacidad de entender, cuidar y decidir responsablemente.

Los problemas que tendrán los ciudadanos sin conocimientos técnicos ante los avances de la inteligencia artificial (IA), cuyo impacto será «abrumador». Su previsión es que la repercusión real en nuestras vidas no será tan fructífera como nos venden y que, de hecho, las empresas que comercializan la IA buscarán sobre todo aumentar la penetración de su negocio en el mercado, como ya hicieron con otros avances tecnológicos: teléfonos móviles, internet, canales de televisión y un largo etcétera. 

Es un futuro del que no podemos escapar, pero que habría que regular desde varios aspectos, como la ética y los derechos de propiedad intelectual y explotación. Las suplantaciones de identidad y otros peligros son una amenaza en un mundo donde cada vez será más difícil distinguir lo real. La IA también acabará abocada a una falta de originalidad debida a la producción masiva a través del consumo y análisis de datos. Distintos agentes ofrecerán «respuestas similares a preguntas similares» y se verá coartada la capacidad creativa del ser humano mediante una reutilización de fuentes similares. En el ámbito académico, dos estudiantes distintos podrían presentar trabajos sospechosamente parecidos.

VII. Conclusión: Entre el microcosmos y el macrocosmos

“Entre el microcosmos y el macrocosmos” se refiere a la idea filosófica y simbólica de que el ser humano (microcosmos, “mundo pequeño”) es un reflejo del universo (macrocosmos, “gran mundo”), compartiendo leyes, principios y estructuras, con el hombre siendo un modelo a escala del cosmos, interconectando lo individual con lo universal en diversas tradiciones como la alquimia, la filosofía hermética y la mística, y también en contextos científicos y artísticos (como el Hombre de Vitruvio). 

Las leyes de la mecánica cuántica son una descripción matemática precisa y exitosa de cómo funciona el mundo a nivel cuántico, es decir, a nivel muy pequeño, como el de átomos y partículas subatómicas. Estas leyes han sido verificadas experimentalmente y se han demostrado muy precisas en la predicción de los resultados de experimentos.

Las leyes de la mecánica cuántica son diferentes a las leyes de la mecánica clásica, que son una descripción precisa de cómo funciona el mundo a nivel macroscópico, es decir, a nivel visible para nosotros. Aunque ambas leyes son muy precisas en sus respectivos dominios de  aplicación, hay algunas diferencias fundamentales entre ellas.

Desde la neurona al Universo, desde el impulso eléctrico a la cultura, todo está conectado por patrones de organización. La inteligencia —humana o artificial— no es un fin. Es un medio. Y el criterio último no será la eficiencia, sino la sabiduría. 

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