¡Servicios de Inteligencia!

EL ESPIONAJE DEL SIGLO XXI

El futuro del espionaje

Actualmente, las innovaciones en el ámbito del espionaje se ponen al servicio de los Estados, con objetivos muy diversos como el terrorismo. Tras el atentado de la Torres Gemelas del 11-S se inició un tipo de espionaje que incluiría operaciones encubiertas, como la que logró poner fin a la vida de Osama Bin Laden.
Esta operación conocida como “Operación Gerónimo”, surgió a partir de una alerta proveniente de agentes secretos paquistaníes al servicio de la CIA que situaba a uno de los mensajeros de Osama Bin Laden en la ciudad paquistaní de Peshawar. En ese momento, la CIA inicia una estrecha vigilancia hasta encontrar la mansión fortificada donde habitaba Bin Laden en Abbottabad. El seguimiento de la residencia de Bin Laden se realizó durante meses con fotografías vía satélite para tener conocimiento de todos los movimientos que se producían en la casa: habitantes, servicios de seguridad, hábitos…
Tal fue el secretismo de la operación que no tuvo conocimiento de ella ni siquiera el gobierno paquistaní.
Las revelaciones de Edward Snowden pusieron de relieve las dimensiones de la «recolección» de datos por parte de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Ese espionaje masivo está asociado a una «administración planetaria» que busca dar respuesta a las crisis fortaleciendo al mismo tiempo el capitalismo «de desposesión» actual y enfrentando las resistencias. Aunque las perspectivas no son muy alentadoras, el artículo sostiene que aún queda un cierto tiempo para evitar los proyectos de geo-ingeniería global como respuesta al cambio climático y la crisis energética, pero esto requiere de un esclarecimiento eficaz acerca de sus consecuencias y de una resistencia política adecuada.
El futuro de los espías que recurren a las viejas artes es, en general, aquellos involucrados en inteligencia humana (o HUMINT). Esto es, el arte y la ciencia en el reclutamiento de fuentes que exhiben acceso y ubicación que les permite obtener la información que el espía desea obtener. La inteligencia humana es considerada por muchos como la base de la recolección de inteligencia, aun cuando haya cedido el paso a lo largo de los años a la inteligencia de señales (SIGINT), que elimina el factor humano y proporciona a los burócratas de cierta métrica cuantificable.
Los seres humanos son torpes e impredecibles, pero la tecnología nos brinda algo mensurable; lo cual, a su vez, otorga a los tomadores de decisiones un falso sentido de la seguridad. Desde luego, la SIGINT es tan buena como los seres humanos que la interpretan. Como miembro de una Fuerza de Tareas de Operaciones Especiales en Irak, se recuerda numerosos ejemplos en donde los equipos de los Rangers y las Fuerzas Especiales fueron mandados a conducir raíds de acción directa en los mismos objetivos en múltiples oportunidades, porque alguien en el centro de operaciones estaba convencido de que un terrorista vivía allí -basado en SIGINT. Por cierto, todos los soldados en el sitio sabían que esto no era cierto, conforme atacábamos el mismo objetivo, noche tras noche.
Con las tecnologías informáticas de la nueva era, los servicios de inteligencia acceden al conocimiento digitalizado que les permite controlar los destinos de la humanidad. Hoy estas agencias secretas pueden desarrollar su tarea con un poder muy superior al de hace 50 años. En una entrevista concedida desde su exilio en Rusia, Snowden explicó lo siguiente: «El mayor problema es la nueva tecnología de vigilancia masiva general, con la cual cada día los gobiernos recogen miles y miles de millones de datos que forman parte de la comunicación de personas inocentes». Sin embargo, muchos ven la recolección de datos como un teatro absurdo, que no provoca en la izquierda una campaña para expropiar a los ladrones, sino apenas un comentario desganado: con semejante mareo de datos dirigida hacia sus discos duros, los responsables podrían ahogarse. Este cinismo (ingenuo) no dimensiona correctamente los actuales intentos tendientes a controlar todo el conocimiento mundial. En definitiva, la furia de acumulación de datos se ajusta muy bien a las estrategias de la «geoingeniería» global, que desde hace tiempo están sobre el tapete, no solo para combatir el terrorismo, sino también para superar la crisis energética mundial, el cambio climático o la amenaza de déficit alimentario generada por el constante crecimiento de la población planetaria.
A fin de prevenir la amenaza del colapso climático se ofrece, por ejemplo, la iniciativa denominada «Solar Radiation Management». Para frenar el calentamiento, se propone transportar azufre hacia la parte superior de la estratósfera, lo que reduciría la radiación UV. Desde luego, con la incorporación del elemento en cuestión, el cielo se tornaría amarillento y eso causaría muchas depresiones. El propio Alexander von Humboldt ya había advertido sobre los efectos psicológicos individuales y sociales que provocan los cambios en la naturaleza.
Tecnología: el arma de los espías del siglo XXI
El espionaje siempre ha hecho uso de los avances tecnológicos, y en esta sociedad globalizada, los dispositivos móviles y los softwares han sustituido a los viejos artilugios del espía clásico. Las nuevas informaciones en este sentido han causado un auténtico vendaval político.
Mucho se ha visto desde hace tiempo sobre espías cinematográficos de primer nivel, desde James Bond hasta el Super Agente 86 -con otro tono, claro- todos se han hecho famosos por el juego entre realidad y ficción que proponen como personajes de una historia. Que los espías existen es una realidad por mucho que lo confundamos a veces con ficción cinematográfica y cada cierto tiempo los gobiernos lo admiten intentando ganarse adeptos con políticas abiertas.
Durante el 2007 se llevó a cabo una exposición llamada “La ciencia del espionaje” que propuso acercar a la gente las técnicas del espionaje moderno preparada con la participación de ex agentes del MI6, de los servicios secretos exteriores británicos, de los servicios de espionaje militar británicos y de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) norteamericana.
Se habló mucho de que la red social Facebook era una plataforma de reclutamiento para espionaje de los gobiernos y -más alla de la veracidad de esto- con los avances de la tecnología y la apertura de la comunicación cada vez estamos más cerca de tener una plataforma de acceso a este mundo bastante oculto hasta el momento.
Secretos y mentiras
En teoría no debería sorprendernos que las agencias de espionaje espíen, y que las más grandes sean mejores y realmente buenas. Pero las revelaciones de Snowden subrayaron algunos hechos incómodos. El espionaje es intrínsecamente ilegal. Se supone que las comunicaciones privadas son juego limpio. Países aparentemente amistosos se espían entre sí. La noticia (posteriormente desestimada por los fiscales alemanes) de que Estados Unidos escuchó el teléfono móvil de Angela Merkel fue una corrosiva serie de revelaciones que llevaron a la expulsión del jefe de la CIA en Berlín, un punto bajo en las relaciones de los dos países.
Estas acciones de espionaje buscan, simple y llanamente, el beneficio económico del atacante. Tan sencillo como eso. No sólo se espía a posibles enemigos militares o políticos –que también-, sino que se busca, principalmente, la información tecnológica, comercial, económica, política, etc., de países (o de empresas de esos países), que en muchos casos son incluso aliados.
Cuando oímos hablar de espionaje a todos nos viene a la cabeza alguna película en la que, siempre al límite, el James Bond de turno se juega la vida a diario para proteger los intereses nacionales, siempre al servicio de Su Majestad. ¡Cuánto daño ha hecho el cine!
Desde luego, las situaciones “jamesbondianas” –permítanme la expresión- no creo que sean las más habituales en este ámbito; dejando a un lado la gran o pequeña pantalla, la mayor parte del espionaje real que presuntamente estamos sufriendo hoy en día es menos romántico de lo que nos han hecho creer y, por supuesto, mucho más mundano.
Estas acciones de espionaje buscan, simple y llanamente, el beneficio económico del atacante. Tan sencillo como eso. No sólo se espía a posibles enemigos militares o políticos –que también-, sino que se busca, principalmente, la información tecnológica, comercial, económica, política, etc., de países (o de empresas de esos países), que en muchos casos son incluso aliados.
Pensémoslo. Si un país negocia con otro la compraventa de, pongamos, miles de barriles de petróleo, sería muy interesante para el comprador conocer de antemano la estrategia del vendedor y viceversa. Por ejemplo, los márgenes con los que ambos están dispuestos a jugar. Obvio, ¿verdad? Tan obvio como que si, a título personal, queremos comprar un piso, nos interesa saber hasta cuánto está dispuesto a rebajar el vendedor, si tiene más ofertas, si el piso tiene algún defecto que no nos quieran decir, etc.
La principal diferencia entre la transacción económica nacional y nuestra compra personal del piso, aparte del alcance y de la cantidad de dinero en juego, es la capacidad de maniobra que tienen los actores: un país puede tener capacidades para conocer la situación del otro o, al menos, para intentarlo, mientras que para nosotros, pobres mortales, será casi imposible obtener la información que maneja nuestro hipotético vendedor, con lo que negociaremos en muchos casos por simple instinto.
Por supuesto, en este tipo de acciones entra en juego el espionaje que, simplificando mucho, podemos entender como el robo de la información que nos interesa para su utilización en beneficio propio.
 Robo de información
¿Cómo puede un país, una gran empresa o un grupo organizado adquirir esa información tan valiosa? Por supuesto, puede emplear a personas, enviar a alguien a ese país con el que estamos negociando, infiltrarlo en los círculos correspondientes y mantenerlo en ellos hasta obtener la información requerida o deseada.
 
Primer plano, vista en ángulo de una ventana en un edificio blanco.

 

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