SEGURIDAD NACIONAL Y PANDEMIAS

MADRID, A 19 DE MAYO DE 2026.
SERGIO FARRAS, ADMINISTRADOR PRINCIPAL DE sector9.es

LA SEGURIDAD NACIONAL Y LAS PANDEMIAS

El espionaje, la seguridad nacional y las pandemias convergen de forma crítica en el ámbito de la inteligencia sanitaria y la contrainteligencia. Durante crisis de salud pública, los servicios de inteligencia protegen la investigación médica, vigilan ciberataques contra infraestructuras críticas y combaten campañas de desinformación de actores estatales.

¿QUÉ ES LA INTELIGENCIA SANITARIA?

La inteligencia sanitaria es una herramienta que apoya la toma de decisiones de políticos, mandos militares, autoridades sanitarias, entre otros, y contribuye al planeamiento del apoyo sanitario de las operaciones. Puede considerarse una función de inteligencia más que una función de sanidad.

Entorno operativo

El entorno de paz y seguridad actual en el que vivimos se caracteriza por estar influido por numerosos riesgos y amenazas que alteran su estabilidad y generan un contexto caracterizado por la confusión e incertidumbre respecto a su evolución. Factores sanitarios como son las enfermedades infecciosas, la contaminación ambiental y el fallo o la debilidad de los sistemas sanitarios constitu1  «Todos los enlaces se encuentran activos a fecha de cierre del presente documento, 
de enero de 2023». (María del Carmen Ariñez Fernández)

También en una amenaza sobre la salud de los ciudadanos y los sistemas sanitarios, por tanto, son capaces de debilitar la seguridad colectiva de las sociedades. (Kaufman 2001). Por una parte, se ha incrementado la expansión de distintas amenazas sanitarias a nivel global, como son el virus SARS-CoV-2, MERS, el virus del Ébola, la detección de vectores de zoonosis en latitudes más altas, el aumento de casos infectados por el bacilo tuberculosis multirresistente, etc., reactivando el riesgo de que la salud de los ciudadanos se vea afectada, sin que pueda descartarse la aparición de nuevas epidemias a nivel local o incluso pandemias. De manera paralela, se ha producido un preocupante incremento de la actuación de grupos terroristas y de organizaciones con acceso a agentes biológicos y químicos con capacidad para su uso y diseminación, junto a una mejora en la investigación sobre la manipulación tecnológica de los agentes biológicos para facilitar su utilización (Interpol).

España está comprometida a contribuir a la preservación de la paz y seguridad internacionales, colaborando en la defensa de los intereses de seguridad compartidos con sus socios y aliados de la Unión Europea, de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), respaldando a las Naciones Unidas y con otros países mediante relaciones bilaterales y multilaterales.

La Ley de Seguridad Nacional (LSN 2015) incluye la seguridad sanitaria entre los ámbitos de especial interés de la seguridad nacional por resultar un factor básico para preservar los derechos y libertades, así como el bienestar de los ciudadanos.

La Directiva de Defensa Nacional 2020 (DDN 2020) indica que «las Fuerzas Armadas (FAS) son el instrumento especializado capaz de garantizar una defensa eficaz frente a cualquier reto de seguridad militar», tanto en Territorio Nacional (TN) como en las distintas Zonas de Operaciones (ZO) y establece que «las Fuerzas Armadas deben ser capaces y estar en disposición de afrontar una adaptación y transformación constantes, que les permita hacer frente a amenazas y desafíos múltiples y cambiantes». Los compromisos de España con las distintas organizaciones que velan por la paz y seguridad de los ciudadanos implican la aportación de capacidades y fuerzas propias a sus estructuras, misiones y operaciones de paz, para hacer frente a cualquier reto de seguridad que se presente. Durante la operación Balmis para la gestión de la pandemia por covid-19, la actuación de las FAS se ha adaptado a un renovado contexto de globalización, condicionado por una mayor incertidumbre y un cambio acelerado. La Estrategia de Seguridad Nacional 2021 (ESN 2021) contempla varios riesgos y amenazas a la Seguridad Nacional que están interrelacionadas.

FUENTE. MINISTERIO DE DEFENSA

¿Cuáles son las nuevas amenazas a nuestra seguridad nacional?

Armas de destrucción masiva » Un número creciente de actores podría tener acceso a estas armas. Los adversarios podrían robar materiales nucleares de instalaciones existentes o desarrollar nuevos tipos de armas biológicas mediante ingeniería genética y biología sintética.
Los desafíos a los que se enfrenta el planeta han visto incrementada su peligrosidad con el resurgimiento de una partícula diminuta, pero a su vez muy temida, el virus SARS-CoV-2. Esta forma de virus no ha sido la primera en aparecer, pues ya se conocían algunos tipos de coronavirus y otros similares, sin embargo, la capacidad de transmisión ha sido una de las características más notorias causando gran preocupación y erigiéndose como una amenaza para la salud pública (Wang, Wang, Ye, & Liu, 2020).

La familia de coronavirus, normalmente, tiene como principal reservorio alguna especie de origen animal. En la actualidad, se desconoce el reservorio natural y el agente transmisor a los humanos del SARS-CoV-2, siendo necesario profundizar más en las investigaciones en torno a esta cuestión (Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, 2021), pero si se disponen de varias hipótesis donde algunos autores han identificado este virus en algunas especies animales como pangolines decomisados en mercados asiáticos, ello sugiere la posibilidad de que esta especie sea un huésped en la aparición de este tipo de virus (Lam, et al., 2020). Como se observa, existe cierta atención sobre las interacciones humanas con el reino animal como posible mecanismo de transmisión de este tipo de virus pues los estudios han demostrado esta relación con otros coronavirus (Saif, 2004). Aunque ha existido cierta controversia sobre los diferentes mecanismos de transmisión, en especial, por la posible afección a animales de compañía como gatos, los datos disponibles son pocos para poder determinar la posible transmisión desde animales a humanos, siendo la principal vía la originada de humano a humano (Organización Mundial de Sanidad Animal, 2020).

Como vemos de esa interacción humanos y naturaleza surgen desequilibrios que pueden desestabilizar el conjunto de las especies que conviven en el mismo planeta. Una de las principales vías para hacer frente a este desequilibrio causado -principalmente- por las actividades antrópicas se centra en la biodiversidad. No obstante, no basta con conservarla, los datos y evidencias que se vinculan al cambio climático sugieren que es necesario un cambio trascendental en esa interacción antes comentada, pues como observamos las presiones a las que hemos sometido al planeta evidencian un efecto negativo de alcance global y sin precedentes, incluso sobre la especie humana.

El cambio climático guarda relación directa e indirecta sobre algunas de las causas vinculadas a la pérdida de la biodiversidad en general, de tal forma que la destrucción de ecosistemas se erige como una de las principales causas que afectan a la biodiversidad. Según algunos estudios se constata una degradación de los bosques, alcanzando cifras de casi 30 millones de hectáreas,  donde los incendios son una de las causas principales de la deforestación, sin embargo, vemos como no son las únicas causas, pues la transformación de los usos del suelo también afecta a este daño ambiental (Pérez-García, 2020). En los ecosistemas acuáticos también se evidencia esa afección antrópica, donde la sobrepesca, los cambios físico-químicos ocasionados por algunas actividades humanas e incluso, la contaminación acústica están afectando al principal reservorio de biodiversidad existente, el medio marino (Morelle-Hungría, 2020). Por ello, es necesario y prioritario preservar la diversidad biológica y, además, reparar aquellos hábitats o ecosistemas afectados por la acción antrópica. La importancia de la biodiversidad y el desarrollo sostenible es esencial y con mayor prioridad cuando hablamos de mares y océanos.

En un planeta donde su mayor composición se configura sobre el agua no es extraño pensar que la mayor biodiversidad también se pueda concentrar sobre ese mismo componente. La importancia de ese manto azul que desde el espacio puede verse se configura como un mecanismo esencial para la salud del planeta. Los recursos vinculados a mares y océanos son finitos y también desconocidos, pero a la vez esenciales para el equilibrio de las especies que cohabitan en el planeta azul y para las relaciones que pueden existir entre ellas. Tal como sostiene las Naciones Unidas (2021) “en ningún otro ámbito la importancia para el desarrollo sostenible es más esencial que en los océanos.”

La gran riqueza biológica es una de las características más sustanciales que mares y océanos tienen en su relación con la protección de la salud pública, y ello se evidencia más en la situación de pandemia actual. Algunos estudios recientes han puesto de relevancia la importancia de la biodiversidad marina para hacer frente al SARS-CoV-2, de tal forma que un fármaco antitumoral ha sido analizado como mecanismo para hacer frente al virus. Las terapias antivirales han sido analizadas durante esta época, denominada “nueva normalidad” con resultados preliminares esperanzadores, donde una molécula denominada plitidepsina de origen marino dispone de una potencia antiviral para hacer frente al virus (White, et al., 2021).

Los servicios de inteligencia ante pandemias

Entre las misiones que tienen la mayoría de los Servicios de Inteligencias del mundo se encuentran las del seguimiento y lucha contra la proliferación de todo tipo de armas, entre ellas las llamadas NBQ, nucleares, bacteriológicas y químicas. Ello significa, en teoría, que uno de sus objetivos de trabajo englobaría, directa o indirectamente, el caso de la pandemia que padecemos de la COVID-19, sin que tengamos que confirmar, a priori, si este virus ha sido fabricado como arma por algún país, o ha sido una desdichada negligencia, de nefastas consecuencias para el mundo entero.

Los gobiernos de la mayoría de los países del mundo se han visto desbordados por la rapidez de expansión del virus y por sus repercusiones sociales, amenazando con consecuencias graves como el bloqueo de los sistemas sanitarios. La medida más eficaz encontrada en todos estos países, a falta de una vacuna o medicamento que pare la pandemia, ha sido el confinamiento, más o menos radical, de los ciudadanos, con el cierre de colegios, universidades y suspensión de todas las actividades económicas que no se consideren de primera necesidad. A nadie se le escapa las consecuencias negativas que dichas medidas están teniendo y van a tener sobre la economía de los países, así como la amenaza que representa para el sistema financiero internacional.

La dificultad de la gestión de esta pandemia y su efectos sociales y económicos, hace que el futuro más inmediato sea muy difícil de prever. Los expertos hablan de que las relaciones sociales no serán como antes y que la economía nacional se recuperará a un ritmo más lento comparado con el de su caída.

Y en toda esta crisis, ¿qué papel van a jugar los Servicios de Inteligencia?, ¿y cuáles son las adaptaciones a realizar, si es que hay que hacer alguna, a este nuevo escenario, que parece que ha llegado para quedarse entre nosotros?

Calder Walton, Director de Investigación del Proyecto de Inteligencia, de la Harvard Kennedy School, ha sido uno de los primeros en hacer unas reflexiones en este sentido, considerando la COVID-19 como una amenaza sin precedentes para la seguridad nacional e internacional. Considera que los Servicios de Inteligencia tendrán un papel importante en esta lucha.

Walton adelanta en su artículo publicado en Foreign Policy cuatro ámbitos donde los servicios pueden hacer una gran contribución a la lucha contra este tipo de amenazas: el análisis y evaluaciones sobre la propagación e impacto de virus, en íntimo trabajo y colaboración con los epidemiólogos, virólogos, economistas y otros expertos; la actividad de la contrainteligencia en el seguimiento de amenazas biológicas y de países susceptibles de utilizarlas, como son China, Corea del Norte, Irán y Rusia; la contra información para neutralizar la desinformación y propaganda, con una acción centrada en las redes sociales; y por último, la vigilancia intrusiva, con desarrollo y utilización de softwares de rastreo telefónico para el control de los infectados.

Es obvio que estos cuatro ámbitos se refieren a la lucha directa contra una potencial pandemia, pero se evidencia que el panorama económico y financiero que se abre ante nosotros, tras la crisis de la COVID-19, necesita también de un análisis y seguimiento sobre los desafíos económicos y financieros que se presentan, así como las pautas que deben de seguirse en la progresiva recuperación de la normalidad.

Como se puede inferir, las capacidades y el potencial de análisis que poseen los Servicios de Inteligencia deben de ser empleados y puede ser usados en numerosos ámbitos para el apoyo al gobierno en la toma de decisiones. Es conocido que el gobierno israelí está utilizando a la Unidad de Inteligencia 8200 en colaboración con el ministerio de la salud del país, para luchar con eficacia contra el COVID-19. El Mossad y el Shin Bet se encuentra muy comprometidos en esta lucha.

Las Agencias de Inteligencia de EEUU ya lo han venido haciendo, y se conocen varios informes, de los meses de enero y febrero, en los que alertaban del peligro de la pandemia. En Francia, el servicio de inteligencia exterior, la Dirección General de la Seguridad Exterior, DGSE, según informa France24, está involucrada, en todos los frentes y desde el primer momento, en el problema de la COVID-19, con la vigilancia de la población, el rastreo de enfermos, acciones de influencia contra la desinformación y en la captación de mercados de equipos médicos, especialmente en la búsqueda de respiradores.

En general, son muchos y variados los ámbitos en los que los Servicios de Inteligencia pueden trabajar y seguirán haciéndolo en apoyo a la toma de decisiones de los gobiernos. Por citar algunos importantes, se puede nombrar desde las alertas sobre la propagación de virus en países de origen y la vigilancia del posible uso perverso de los mismos por países, a la protección y defensa de los intereses nacionales durante la pandemia y en el futuro mundo postpandemia, cuya geopolítica coinciden los expertos en que ya no será como antes.  

En España, la vigente Estrategia de Seguridad Nacional aprobada en el año 2017, ya contempla el fenómeno de la proliferación de epidemias y pandemias. La ESN es el marco de referencia para la política de Seguridad Nacional. En su capítulo 4 valora dicho fenómeno no como una amenaza, sino como un desafío, y lo recoge así:  En las últimas décadas, el número de enfermedades emergentes identificadas y de situaciones de riesgo asociadas a ellas ha aumentado. Se han identificado al menos seis alertas sanitarias globales, todas ellas con un importante impacto a nivel nacional: el Síndrome Respiratorio Agudo Grave, la gripe por virus A/H5N1, la pandemia de gripe por virus A/H1N1, la nueva diseminación internacional del poliovirus salvaje, la enfermedad por virus Ébola en África del Oeste y la infección por virus Zika.

La ESN reconoce las vulnerabilidades a las que está sometido el país y la dificultad de poder lograr un riesgo cero: Reducir la vulnerabilidad de la población a los riesgos infecciosos cuando es factible (por ejemplo, mediante la vacunación), la probabilidad de introducción de riesgos infecciosos (por ejemplo, mediante el control e inspección de mercancías en frontera), así como la probabilidad de transmisión interna de enfermedades (por ejemplo mediante buenos programas de prevención y promoción de la salud o buenos sistemas de saneamiento) es fundamental para minimizar los riesgos y su posible impacto sobre la población.

Teniendo en cuenta que el riesgo cero es casi imposible, el documento hace hincapié en la importancia de “desarrollar planes de preparación y respuesta ante amenazas y desafíos sanitarios, tanto genéricos como específicos” así como pone de relevancia el carácter multisectorial de las respuestas “de todas las administraciones implicadas tanto a nivel nacional como internacional”.

Por su parte, el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), en su documento “Horizonte 2040, Panorama de Tendencias Geopolíticas”, publicado por el Ministerio de Defensa español en diciembre de 2018, también recoge la posibilidad de este fenómeno cuando expresa que: La salud de la población será uno de los grandes desafíos del siglo xxi, con la proliferación de epidemias y pandemias.

Incluso adelanta unas orientaciones hacia donde deben de implementarse las medidas para su lucha: La mayor frecuencia de pandemias, junto a la necesidad de atajar los brotes en su lugar de origen, requerirá un mayor uso de capacidades e instalaciones militares. También será necesario establecer más medidas de control del personal a su regreso, especialmente cuando proceda de regiones con riesgo de brotes epidémicos.

En España, el Centro Nacional de Inteligencia, organiza, estructura y legitima sus actividades basado en los objetivos que el gobierno le marca en la Directiva de Inteligencia, la cual aprueba anualmente el ejecutivo. En la próxima reunión de la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos de Inteligencia, que es el órgano de trabajo del gobierno para la redacción de la Directiva de Inteligencia, es muy posible que se le dé relevancia a la amenaza bacteriológica y, tras la triste experiencia que estamos viviendo, se integre como un nuevo objetivo independiente en la Directiva de Inteligencia, sobre el cual, el CNI organizará y estructurará su trabajo para cumplirlo.

POR SERGIO FARRAS, ADINISTRADR PRINCIPAL DE sector9.es

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