MADRID, A 5 DE OCTUBRE DE 2026. SERGIO FARRAS, ADMINISTRADOR PRINCIPAL.
La segunda guerra fría por la inteligencia artificial: EE UU contra China
Los tecnooligarcas estadounidenses necesitan lo más parecido a una dictadura para competir con las empresas chinas
La guerra fría de la inteligencia artificial (IA) entre Estados Unidos y China es una intensa competencia geopolítica y tecnológica por dominar los algoritmos, la infraestructura de cómputo y los modelos de frontera que definirán el poder global.
Estados Unidos y China atraviesan una etapa de compleja coexistencia donde alternan la confrontación comercial con negociaciones de distensión y nuevos acuerdos bilateralesElegir el mal menor, entre el “comunismo de mercado” chino y la plutocracia aliada de Trump que llega de Silicon Valley. Este es el dilema al que se enfrenta el mundo.
La guerra fría tecnológica es la competencia geopolítica y comercial entre Estados Unidos y China por dominar los sectores clave del futuro digital.
Tregua y negociaciones comerciales: Los presidentes Donald Trump y Xi Jinping han mantenido encuentros recientes en la Casa Blanca. Ambos países ampliaron su tregua arancelaria hasta el 10 de enero de 2027 y estudian un nuevo marco comercial de reducciones recíprocas (como el programa “30 por 30”) que incluye bienes no sensibles y productos agrícolas.
- Competencia tecnológica y minerales críticos: La rivalidad persiste en sectores estratégicos como la inteligencia artificial, la cadena de suministro de tierras raras y el control de rutas comerciales y tecnológicas.
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El conflicto entre Estados Unidos y China viene creciendo desde hace tiempo. Lo que hay detrás es que la política exterior y económica de Washington, desde el gobierno de Obama, se ha orientado a contener el creciente poder de China.
El presidente Donald Trump provocó una guerra comercial con China durante su primer mandato, y Joe Biden, en gran medida, la continuó. Al inicio de su segundo mandato, Trump intensificó el conflicto al anunciar aranceles de a gran escala. No es para nada una coincidencia que estos aranceles estuvieran orientados específicamente contra China; Trump ha amenazado en ocasiones a Beijing con aranceles del 145%. Pero, a diferencia del conflicto arancelario durante el primer mandato de Trump, esta vez los dirigentes chinos no han cedido. Por el contrario, han respondido a cada nuevo arancel con aranceles propios. Este enfoque ha tenido mucho éxito porque Washington no solo sobreestimó la dependencia de China del mercado estadounidense, sino que también subestimó la dependencia de los proveedores de servicios, las empresas e
La batalla por los semiconductores: El núcleo de la disputa gira en torno a la cadena de suministro de microchips. Estados Unidos ha implementado fuertes restricciones y vetos a la exportación de tecnología de punta (como los equipos de litografía de ASML y chips avanzados) hacia China, mientras Pekín acelera su independencia tecnológica en el sector.
Diferencias estratégicas: Según análisis de tendencias tecnológicas, Estados Unidos mantiene ventaja en la inversión privada, la infraestructura de modelos masivos y el diseño de chips avanzados, en tanto que China destaca por su capacidad energética, la adopción rápida de código abierto y su volumen de investigación de alto impacto.
- La presión sobre terceros países: Washington busca que las naciones aliadas elijan un bando tecnológico (sumándose a bloques de cooperación occidental o quedando excluidos), lo que divide gradualmente el ecosistema digital global. [1]
- Seguridad y riesgos militares: Ante el temor de una escalada descontrolada, ambas potencias han explorado canales de comunicación y “líneas rojas” (como impedir que una IA decida de manera autónoma el uso de armas nucleares) para gestionar incidentes críticos en sectores estratégicos.
Guerra fría por la inteligencia artificial
La disputa entre Estados Unidos y China por la IA redefine la geopolítica global, entre el desarrollo sin freno y el control estatal. A su vez, el avance de los algoritmos abre un escenario de tensión donde la soberanía tecnológica y las políticas públicas marcan el pulso del poder contemporáneo.
El conocimiento y la tecnología se han convertido en el nuevo campo de batalla mundial, donde la inteligencia artificial (IA) define no solo el poder económico, sino la soberanía y el futuro de los Estados. En la Base Conjunta Andrews, mientras Donald Trump recibía a Xi Jinping con alfombra roja, himnos y honores militares, dos aviones de combate estadounidenses sobrevolaron sus cabezas.
El estruendo hizo que el presidente estadounidense se sobresaltara visiblemente. Xi, en cambio, permaneció impasible. Ese instante, captado por las cámaras, trasciende la anécdota protocolar. Parece un intento de proyectar el poderío militar estadounidense, pero la templanza del líder chino confirma algo más profundo: el temor que genera el posicionamiento de Pekín en la aldea global.
China ya no es solo un competidor; es un actor que redefine las reglas del juego tecnológico. La carrera entre Estados Unidos y China en inteligencia artificial no es un simple duelo comercial. Es la expresión contemporánea de lo que los teóricos del Estado denominan el monopolio de la fuerza legítima, actualizado por el “ciberleviatán”.
Como advirtió José María Lassalle, el control ya no se ejerce solo mediante la coerción física, sino a través de la recopilación masiva de datos y la influencia sobre opiniones y decisiones. Quien domine los algoritmos, las infraestructuras de cómputo y los modelos de frontera tendrá una ventaja estratégica comparable a la que en otros siglos otorgó el control de los mares y extensos territorios.
Ambos países reconocen los riesgos. La IA puede generar agentes autónomos capaces de ciberataques a escala nacional, facilitar el desarrollo de armas biológicas o escapar al control humano.
El secretario general de la ONU, António Guterres, ha insistido en que las potencias con mayores capacidades tienen la mayor responsabilidad ante la humanidad y ha pedido canales de diálogo, transparencia y cooperación, evocando los momentos de la Guerra Fría en que rivales estratégicos gestionaron riesgos existenciales comunes.
Washington y Pekín han abierto un diálogo formal sobre IA, liderado por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el viceprimer ministro He Lifeng, que incluye un mecanismo de notificación de incidentes de seguridad nacional.
Sin embargo, la rivalidad no se detiene. Estados Unidos mantiene controles estrictos sobre la exportación de chips avanzados, mientras China desarrolla sus propios modelos de IA y utiliza técnicas para copiar y adaptar las capacidades de los sistemas más avanzados de Occidente.
Desde la perspectiva de las políticas públicas, esta competencia pone a prueba la capacidad estatal. Como enseñan Oscar Oszlak y Julián Bertranou, la capacidad no se mide solo por resultados, sino por la aptitud para movilizar recursos humanos, financieros, técnicos e institucionales.
